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Sismicidad

Una capa más de contexto: si hay actividad sísmica en la zona, y cómo se relaciona con la deformación que mide el radar.

El antecedente: sismicidad inducida

La cuenca Neuquina tiene sismicidad inducida documentada. La zona de Sauzal Bonito, al noroeste de Añelo, no registraba sismos antes de 2015. Desde entonces concentra eventos que coinciden en el tiempo con el desarrollo no convencional. El mayor conocido fue un M 4.9 el 7 de marzo de 2019, somero y cerca de Añelo [Brunori 2022].

Trabajos recientes estiman que el 0.5% de las operaciones de fractura se asocia estadísticamente a sismos detectables [Schultz 2024].

Mapa: deformación, sismos y concesiones

Catálogo ISC, que agrega los reportes de INPRES, la red argentina, entre 2015 y 2026. Amarillo, sismos someros de menos de 30 km de profundidad, los candidatos a inducidos. Gris, sismos profundos de la placa que subduce, sin relación con la actividad. El tamaño va con la magnitud. El fondo es el mapa de velocidad. Click en un sismo para ver fecha, magnitud y profundidad.

El catálogo ISC/INPRES es mucho más completo que el global y llega hasta magnitud 1.8. Con él aparecen 70 eventos, de los cuales 67 son someros y casi todos de menos de 15 km. Se concentran al oeste y suroeste de Añelo, en Sauzal Bonito, justo donde la literatura ubica la sismicidad inducida.

El mayor somero es el M 4.8 del 7 de marzo de 2019, el mismo que Brunori reporta como M 5: los catálogos dan magnitudes algo distintas para un mismo sismo según cómo la calculen. Y hay un dato llamativo: 41 de los 70 ocurrieron en 2023.

Parte del aumento es el sismógrafo, no el subsuelo

La red sísmica local recién se densifica desde 2018, así que una parte del aumento de eventos es mejor capacidad de detección y no más actividad. Separar las dos cosas requiere el análisis cuidadoso que hacen los trabajos especializados [Schultz 2024]. Incluso ISC/INPRES pierde los micro-sismos que sí registran las redes densas locales, como la del Observatorio de Sismicidad Inducida, con más de 600 temblores. Y la coincidencia en el tiempo entre actividad y sismicidad es estadística: atribuir un sismo concreto necesita datos locales de red sísmica y de presiones de inyección, que no son públicos.

Dos síntomas, un solo proceso

La deformación y la sismicidad responden a lo mismo: cambios de presión en el subsuelo por inyección y extracción. Medir una sola de las dos deja la mitad de la señal afuera. Lo que falta para pasar de correlación a gestión de riesgo no es método sino insumos: una red GNSS de calibración y el catálogo de una red sísmica local, y ninguno de los dos es público.